11 hugs

AMOR INESPERADO

por Paulina Villalba Lunes 29 de junio del 2020
CUPIDO INESPERADO
De Ginebra
Tengo sesenta jóvenes años y después de veinte de estar con el hombre que un día elegí, me doy cuenta que estoy enamorada, no fue mi intención.
Cuando lo conocí él tenía veinticinco primaveras en cambio yo era la casita de Tucumán, remozada pero con muchas historias.
Mi estado anímico personificaba a la escultura El Alma, cicatrizando viejas heridas.
Me encanta esa obra ¡qué paradoja! está frente a una farmacia, como si existieran medicamentos para el alma despedazada.
Evidencia los tormentos que algunos seres humanos disimulan, eso hace que actualmente atesore buenos momentos. El valor de una sonrisa, las buenas energías de la gente, acumular recuerdos felices.
No estamos exento del daño que podemos padecer a la vuelta de la esquina, por eso saboreo cada aliento que me hace sentir viva.
Después que mi esposo viajó en la barca de Caronte, dejándome rota. Sólo mis hijos pequeños fueron mi aliciente para continuar.
Me convertí en una roca y una veleta. La seducción era un juego que yo sabía jugar, hasta que me aburría de la víctima de turno.
Afirmé no volver a enamorarme para que la Parca no me lo arrebate nuevamente, dejándome llena de agujeros palpitantes y atormentada tan genialmente plasmada por el artista Líbero Badii.
Festejábamos el cumple de una amiga en un boliche, este jovenzuelo me invita a bailar, hoy bromeamos “no tendríamos que haber salido ése aciago día. Mi abuela decía: la noche no trae nada bueno y nos morimos de risa.
Se parecía a Conan el bárbaro, no le tuve compasión, le mostré mi lado oscuro y cruel.
Adulteré aviesamente, mi nombre, mi edad y lugar donde residía. No le mentí cuando le dije, sos un regalito que me hago hoy.
La mayoría de las parejas tiene aniversario del día: que se conocieron, la primera cita, el primer beso o dormir bíblicamente. Haciéndome la payasa siempre contesto que nosotros celebramos todo el mismo día.
El encuentro espectacular, su ingenuidad y coraje me sorprendió, replegándose la bruja que habitaba en mí.
Tenía los músculos que sólo el arduo trabajo en el campo origina. Las manos ásperas, alto, fuerte muchos soles afirmado en su piel, por ese entonces me había vuelto cínica y superficial.
Sólo veía lo físico, no lo quería para conjugar verbos, así que volví cuando llamó, llamó y siguió llamando. Pensaba ya me voy desencantar.
La cosa es que después de un tiempo, una noche tormentosa pidió permiso para quedarse a dormir, su pueblo quedaba lejos.
Así sin hacer ruido, pacientemente se metió en mi hogar, ganándose a mis hijos primero, mi familia y a mis amigos. Lo dejé no tenía nada que perder, mi corazón estaba blindado, ahí no entraría.
Estoicamente sobrellevó las burlas de sus conocidos y familiares porque yo era mayor. Lo admiré también porque jamás se sintió intimidado por nadie ni a dudar de su hombría por ser joven.
No le importa que yo sea extrovertida o que los demás crean que en nuestra relación él es manejable. Es astuto, me trata dulcemente que me descubro sonriendo cumpliendo sus antojos.
Somos cómplices y actores en esta comedia de la vida que Cupido flechó. Aún hoy después de veinte años, me envía mensajitos y me regala rosas que tanto me gustan.
Absorbí su juventud y él mi experiencia nos entregamos sin retacear nada. Aquí me encuentro prendada, sintiéndome una mujer plena. Exponiendo de nuevo mi corazón, el morocho bien lo vale.





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